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Gustavo Noboa, quien fue declarado presidente después que una revuelta popular depuso el 21 de enero a su predecesor Jamil Mahuad, implantó desde el 1 de abril la dolarización de la economía ecuatoriana en medio de una de las mayores crisis de este país andino.
La crisis se reflejó en los peores indicadores de la región para 1999: una inflación del 60,7 por ciento, una recesión de 7,5 por ciento, la caída de la moneda nacional en el 67 por ciento y la declaración de una moratoria de la deuda externa, de más de 13.000 millones de dólares.
En este marco, Noboa suscribió un acuerdo con el FMI por 304 millones de dólares, que le abre el camino para préstamos internacionales por más de 2.000 millones de dólares en los próximos tres años para intentar alcanzar el éxito del nuevo modelo.
Para esto, Ecuador se comprometió a mantener el déficit fiscal en 4,0 por ciento del PIB y lograr un crecimiento a fines de año del 0,9 por ciento, a partir de una reducción de subsidios y la privatización de varias empresas públicas.
``Ahora, el gobierno tiene la tarea casi imposible de imponer lo acordado en la Carta de intención con el FMI. Casi imposible, porque la gente no aguanta más, y tendría el gobierno que jugarse su permanencia (aplicando las medidas previstas)'', aseguró Simón Espinosa, un analista independiente.
Y es que la mayoría de las organizaciones sociales, incluyendo la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) --que lideró el levantamiento de enero-- se opone radicalmente a la dolarización y a las políticas económicas preparadas por el gobierno.
``Hay la posibilidad, no creo que todavía la probabilidad, de que si (el gobierno de Noboa) no sabe manejar los movimientos sociales, la aplicación de las medidas le puede producir la caída'', recalcó Espinosa.
DIALOGO EN BABEL
``Uno de los problemas que tenemos en el país es un déficit de representatividad, que lleva a que se produzca una fractura entre lo social y lo político'' señaló Fernando Carrión, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
De esta forma el analista explica la constante ola de protestas protagonizadas por indígenas, campesinos, trabajadores y otros grupos sociales.
``Ahora lo social tiende a representarse a través de sus propias organizaciones y no a través de los partidos políticos, que son las instancias de mediación de la sociedad en el estado''.
Esto explicaría el porqué los movimientos sociales preparan un plebiscito para consultar al pueblo sobre la dolarización de la economía, así como deponer a los actuales diputados.
Pero el diálogo --que es el discurso que maneja permanentemente el ejecutivo-- está totalmente roto, según aseguran las organizaciones sociales.
``Tenemos un escenario de polarización, de bloqueo a los diálogos, de resistencia y protesta al modelo económico que puso en marcha el anterior gobierno y que fue ratificado por el gobierno de Noboa'', señaló Felipe Burbano de Lara, editorialista de un diario capitalino.
``Estamos en un estilo de conflicto que es una forma de antagonismo excluyente. El diálogo apunta siempre al fracaso, porque los diálogos necesitan que los actores compartan un marco general para comunicarse, para encontrar salidas''.
Para los analistas ahora todo depende de la habilidad de Noboa para recuperar las conversaciones, y hacer desistir a los distintos movimientos sociales de preparar un levantamiento indígena y popular general.
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