Es importante llegar a usted para entregarle los
pensamientos y sentimientos sobre la situación social,
económica, política y moral que vive nuestro país. Este mensaje más
que un pedido, aspira a convertirse en una convocatoria para que
juntos reflexionemos con objetividad y patriotismo sobre la gran
importancia que tiene para el Ecuador y su futuro, el paso histórico
que nos aprestamos a dar.
Recordemos que hace pocas semanas nuestro país
vivió un clima de malestar, intranquilidad y angustia. Como muy
pocas veces en el pasado, el descontento creció hasta traducirse en
repetidas movilizaciones que evidenciaron la situación del Ecuador,
presente en cifras que mostraban el colapso de la economía nacional,
el desgaste de las instituciones democráticas y el vertical
crecimiento de la pobreza y la desesperanza.
Las características de la crisis y la urgencia de
los acontecimientos, exige de todos nosotros una respuesta
patriótica y responsable, basada en la restauración de los valores
institucionales, y que además, vaya de la mano del interés y de la
voluntad del pueblo ecuatoriano. En ese escenario, los retos del
nuevo Gobierno tienen como punto de partida el mejoramiento de la
situación económica del país e incluyen la recuperación de la
confianza del pueblo en sus autoridades, el restablecimiento de las
actividades productivas, el reconocimiento de las legítimas
aspiraciones de importantes sectores de la sociedad y el rescate de
la imagen internacional del Ecuador. Sin duda una tarea que exige
unidad, trabajo, dedicación y sacrificio.
La principal obligación de nuestro gobierno es la
de sentar las bases del país del futuro, del Ecuador en el que
vivirán nuestros hijos; con ese horizonte, creemos sinceramente que
la instrumentación del esquema de dolarización en la economía
nacional debe ser observada como una oportunidad histórica para, de
una vez por todas, sanear y estabilizar las finanzas públicas y
desencadenar los sólidos procesos de generación de trabajo,
riqueza y bienestar que todos exigimos y reclamamos.
Sin embargo, este trascendental paso no vendrá
libre de sacrificios y renunciamientos. Todo gran cambio tiene su
costo, en esa lógica el Gobierno Nacional que me honro en presidir,
avanza en el diseño de un plan dirigido a favorecer a los sectores
más vulnerables de la sociedad, que en forma eventual tardará en
ajustarse al nuevo esquema. La etapa de transición que viviremos en
las próximas semanas demandará de todos nosotros actitudes positivas
y afanes constructivos.
Estamos seguros que su patriotismo permitirá que
avancemos en forma rápida en la adopción del nuevo esquema, las
dificultades iniciales serán superadas con talento y capacidad y en
poco tiempo, sentiremos los beneficios de esta importante medida,
clave para el eficiente desarrollo de las actividades industriales y
comerciales.
Miremos el futuro del país con esperanza y
optimismo. Al Ecuador le aguardan mejores años. La crisis económica,
política y moral que hemos sufrido, debe quedar atrás, va ha quedar
atrás. El proceso de dolarización de la economía nacional debe ser
mirado con fe y optimismo, así aportaremos a la construcción del
Ecuador que todos merecemos y soñamos.